"Todo el mundo es consciente de hechos tan banales, pero el hecho de que sean banales, no significa que no existan. Lo que debemos hacer con los hechos banales es descubrir qué problemas específicos y quizás originales están conectados con ellos. La relación entre racionalización y excesos de poder es evidente. No necesitamos remitirnos a la burocracia o a los campos de concentración para reconocer tales relaciones; el problema entonces es: ¿Qué hacer con un hecho tan evidente? Creo que la palabra racionalización es peligrosa; lo que debemos hacer es analizar racionalidades específicas, más que invocar constantemente al progreso y la racionalización en general."
Michel Foucault.
RESUMEN
El presente constituye un esfuerzo menor, en procura de establecer las condiciones propias de un análisis preliminar de las condiciones actuales del concepto de Democracia en un escenario globalizado, hablar de Democracia desde lo local, sólo es posible si consideramos de manera paralela, la coyuntura internacional, el devenir de las posturas que son asumidas por las potencias mundiales, el tratamiento específico que en particular, se realiza a los términos de defensa, guerra preventiva, construcción biopolítica, alternativas de reivindicación del bien común, entre otros conceptos que mediante el presente pretenden ser esbozados, esta vez de la mano de dos autores contemporáneos, Michael Hardt Y Antonio Negri[1], autores en conjunto de dos obras que para todo lector interesado en profundizar los temas de democracia, conflicto, y economía global, serán de vital ayuda en los análisis que estimen realizar en procura de la comprensión de la coyuntura política global de nuestros días.
ABSTRACT
This is a minor effort, seeking to establish the conditions of a preliminary analysis of the current conditions of the concept of Democracy in a globalized scenario, talk about democracy from the local, is only possible if we consider in parallel, the international situation the evolution of the positions are assumed by the world powers, including specific treatment is performed to the terms of defense, preventive war, construction biopolitical alternative claim for the common good, among other concepts by this claim be outlined, this time from the work of two contemporary authors, Michael Hardt and Antonio Negri, authors set two works for all readers interested in exploring issues of democracy, conflict, and global economy will be of vital help in the analysis that estimates made in pursuit of understanding the global political situation today.
PALABRAS CLAVE
Imperio, multitud, biopoder, reivindicación, biopolítica.
[1] Michael Hardt - Antonio Negri, Imperio. Edición de Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 2000.; Multitud Guerra y Democracia en la era del Imperio. Edición The penguin Press, Nueva Yprk 2004.
Varios esfuerzos son realizados, para elaborar posturas que permitan crear posibilidades de ver materializado el concepto de Democracia absoluta, tan necesaria por estos días y sobre la coyuntura actual que vive nuestro país y que por supuesto el contexto global refleja con mayor intensidad.
El presente constituye un esfuerzo menor, en procura de establecer las condiciones propias de un análisis preliminar de las condiciones actuales del concepto de Democracia en un escenario globalizado, hablar de Democracia desde lo local, sólo es posible si consideramos de manera paralela, la coyuntura internacional, el devenir de las posturas que son asumidas por las potencias mundiales, el tratamiento específico que en particular, se realiza a los términos de defensa, guerra preventiva, construcción biopolítica, alternativas de reivindicación del bien común, entre otros conceptos que mediante el presente pretenden ser esbozados, esta vez de la mano de dos autores contemporáneos, Michael Hardt Y Antonio Negri[1], autores en conjunto de dos obras que para todo lector interesado en profundizar los temas de democracia, conflicto, y economía global, serán de vital ayuda en los análisis que estimen realizar en procura de la comprensión de la coyuntura política global de nuestros días.
Por otra parte, en muchos aspectos la obra de Michel Foucault[2] ha preparado el terreno para realizar los análisis requeridos del funcionamiento material del desarrollo del Poder en las democracias actuales, En primer lugar, el trabajo de Foucault nos posibilita reconocer un pasaje histórico, trascendental, de las formas sociales, desde la sociedad disciplinaria a la sociedad de control. El autor define la sociedad disciplinaria como “(…) aquella sociedad en la cual el comando social se construye a través de una difusa red de dispositivos o aparatos que producen y regulan costumbres, hábitos y prácticas productivas. (…)”
El desarrollo de este tipo de sociedad, que asegura la obediencia a sus reglas y a sus mecanismos de inclusión o exclusión, es posible, gracias a la existencia de instituciones disciplinarias (la prisión, la fábrica, el asilo, el hospital, la universidad, la escuela, etc.) que crean el escenario social, y comportamiento adecuados a la razón, al deber ser, de la disciplina. El poder disciplinario gobierna, estructurando los parámetros y alcances del pensamiento y la práctica, permitiendo, sancionando y prescribiendo los comportamientos normales y / o desviados.
Foucault elabora la definición del biopoder estableciendo éste como “(…) una forma de poder que regula la vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola y rearticulándola.(…)” Así las cosas, el poder puede lograr un comando efectivo sobre toda la vida de la población sólo cuando se torna una función integral, vital, que cada individuo incorpora y reactiva con su acuerdo. Como dijo Foucault: "(…) La vida se ha vuelto ahora... un objeto del poder (…)".
En éste orden de ideas, la máxima pretensión de este poder es infiltrar cada vez más la vida, y su objetivo primario es administrar la vida. El biopoder, pues, se refiere a una situación en la cual el objetivo del poder es la producción y reproducción de la misma vida.
En consecuencia, cuando el poder se vuelve enteramente biopolítico, todo el cuerpo social, la multitud, queda comprendida en la máquina del poder, la sociedad, subsumida dentro de un poder que llega hasta los núcleos de la estructura social y sus procesos de desarrollo, reacciona como un único cuerpo, el cuerpo de la multitud.
De acuerdo a lo anterior el poder es entonces expresado como un control que se extiende por las profundidades de las conciencias y cuerpos de la población - y al mismo tiempo a través de la totalidad de las relaciones sociales dentro de la multitud.
La producción biopolítica, esto es, el devenir, la cuota parte de producción social de los individuos singularizados de una sociedad, y su expansión de lo común constituye uno de los pilares fundamentales en que descansa la posibilidad de la democracia en la actualidad. Es decir, la prevalencia que se le pueda otorgar a la actividad productiva de cada uno de los sujetos parte de la sociedad, constituirá, el factor real de poder que se requiere como elemento constituyente de la Democracia, anticiparía de mi parte, que a través del ejercicio biopolítico, se encontrará las reivindicaciones necesarias del orden social vigente por nuestros días.
Ahora bien, dicho lo anterior, se considera oportuno, realizar una breve introducción sobre la extrapolación de los aparatos disciplinarios, el uso desmedido, pero legítimo de la fuerza, y será necesario decir, como lo anotan Hardt y Negri que “(…) tanto las dictaduras como las democracias liberales utilizan por ejemplo la tortura, la unas por vocación y las otras, supuestamente, por necesidad. Dentro de la lógica del estado de excepción, la tortura es una técnica del poder esencial, inevitable y justificable (…)”, particular énfasis debe realizarse sobre la contradicción, la incongruencia que existe frente a los estados de excepción, figura definida en nuestro ordenamiento jurídico, para salvaguardar el orden constitucional, precisamente, contraviniéndolo; figura que por décadas, fue la regla, lo excepcional, siempre fue la calma. Viviendo siempre en estado de sitio, los tímidos visos de la Democracia, en particular, de la colombiana, fueron apareciendo y desapareciendo de manera intermitente.
Lo especifico de nuestra época, en el contexto nacional, pero sobre todo en los escenario globales geopolíticos, es el hecho de que la guerra, que antes era el último elemento de la secuencia del poder – la fuerza letal como último recurso-, pasa a ser el primero y primordial, el fundamento de la política misma. La actual actividad de las potencias imperiales, crea el orden, no poniendo fin a la guerra de todos contra todos”, como diría Hobbes, sino proponiendo un régimen de administración disciplinaria y control político directamente basado en la acción bélica continua. Eternizando guerras, invasiones, sólo por nombrar dos ejemplos, muy conocidos por todos, Irak desde el año 2003, Libia, en el año presente.
Irak, en donde bajo el falso argumento de evitar un eventual ataque con armas de destrucción masiva, Estados Unidos hizo gala de la mayor exposición de unilateralidad, de despotismo bélico, y de una falaz interés, en la Democracia universal, arrogándose el papel de policía moral del mundo, ésta potencia, con la complicidad de varias potencias mundiales y en particular de la O.N.U., invade un nación que nunca había realizado un acto comprobable de violencia ni contra la nación ni contra ningún ciudadano norteamericano, no obstante, frente a la mirada de todos, se ha venido materializando una de las más brutales masacres contra el pueblo iraquí, repito, con la complicidad de muchos, incluso, de nuestro anterior gobernante.
Otra muestra puntual, ha sido el caso de Libia, Estado Unidos, Francia y otras potencias, argumentando la defensa de los intereses de la sociedad civil de dicho país, invade flagrantemente una nación soberana, de nuevo, el papel cómplice de los organismos internacionales, la mentira, el abuso y el desenfreno en el ejercicio del poder global.
En ambos casos, se argumenta el ataque preventivo, una cacería de brujas llamaríamos otros. La historia nos habla de dos guerras mundiales, mentira, siempre hemos vivido en guerra, lo puntual consiste en reconocer que vivimos en un estado de guerra permanente, con los beneficios que para quienes las inician, conllevan la dirección de estrategias militares de invasión, algún interés debe asistir a todo aquel que siempre está dispuesto a comenzar, liderar y coordinar un proceso bélico de invasión.
¿Qué motivación podrá tener para concluir la guerra, la potencia que no la padece?, es una realidad que en particular, en la mayoría de los casos los que corren los riesgos más grandes en los frentes de guerra, no son tropas de Estados Unidos sino fuerzas aliadas, y sobre las propias, se reclutan primordialmente personas entre los sectores menos pudientes, los menos favorecidos de una economía en crisis como la estadounidense.
Entonces, para cerrar por ahora, el tema de la guerra, es necesario decir que ésta, establece un nuevo orden global, pero en realidad no es más que un proceso regulador, que consolida lo vigente, perpetúa lo paupérrimo, como dirían Hardt y Negri, “(…) consolida el orden existente del Imperio (…)”. El cuidado o en algunos casos, el restablecimiento del orden global actual, es lo que legitima el uso de la violencia. La presencia permanente de un enemigo, imaginado, simulado o creado, según convenga, y la amenaza del desorden son necesarias para legitimar la violencia, los individuos a quienes se cita como objetivos primordiales, Bin Laden, Hussein, Muamar el Gadafi, constituyen amenazas muy limitadas para la totalidad del orden global, pero son amplificadas, sobredimensionadas, hasta alcanzar una talla descomunal, devienen íconos de la amenaza general y proporcionan la imagen del adversario bélico tradicional y concreto. Tal vez sirvan como instrumento pedagógico y persuasión. Estado de guerra permanente, frente a éste la primera reivindicación, la Democracia absoluta que se requiere, deberá prescindir de la guerra como elemento constitutivo del devenir social.
Dicho sea de paso, que el análisis anterior, conlleva de manera necesaria, una consideración especial sobre el actual sistema económico, frente al cual se debe decir que El discurso del desarrollo económico, impuesto también de manera unilateral por las potencias mundiales en especial desde el período de posguerra bajo la hegemonía estadounidense y en coordinación con el modelo del New Deal, emplea un discurso que concibe la historia económica de todos los países como un proceso que sigue un único patrón de desarrollo, como un mismo camino que cada país recorre en un momento diferente y a diferente velocidad.
De modo tal que los países cuya producción económica actualmente no se encuentra en el nivel de los países dominantes se consideran países “en vías de desarrollo”, pues se impone la idea de que si continúan transitando la senda que anteriormente recorrieron los países dominantes y repiten sus políticas y estrategias económicas, finalmente gozarán de una posición o un nivel análogo. Sin embargo, esta visión “desarrollista” no se reconoce que las economías de los llamados países desarrollados se definen n en virtud de la posición dominante que ocupan en el sistema global, en el contexto económico, en la participación que estas pueden tener en organismos multilaterales, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, en donde la participación de cada una de las naciones miembro, se ve supeditada a las contribuciones, a los aportes que estas realizan a los presupuestos de dichos organismos. De tal suerte que son precisamente estas potencias dominantes las que determinan, amparadas en otros organismos, las posiciones que cada economía debe asumir.
Varios ejemplos podrían ser concebidos, sólo por citar algunos, valdría la pena considerar las manifestaciones unilaterales de condicionamientos que son impuestos por estos organismos multilaterales, a economías locales, sobre el devenir de su desarrollo. Imposiciones que van desde ajustes tributarios hasta recortes en subsidios y demás subvenciones a productos y servicios que son producidos al interior de cada uno de los países en vía de desarrollo.
Ello se refleja con más acento, en las particulares formas de producción que la economía global viene empleando en la actualidad, contratos de maquila por ejemplo, en donde se pretende a toda costa reducir costos de producción. Por otra parte y más en el nivel local, la actualidad nos muestra la pauperización de las condiciones laborales, un ejemplo muy puntual lo pueden constituir la modalidad contractual de los contratos por prestación de servicios, por medio de los cuales se viola flagrantemente los principios y derechos mínimos que deben mediar al interior de la relación laboral. Cooperativas de trabajo, tercerización laboral, violación al principio de realidad del contrato laboral, todo un sinnúmero de situaciones que evidencian, la real consecuencia del modelo de producción de nuestras economías.
Este no muy alentador panorama, exige de todo aquel a quién dichos temas preocupe, un esfuerzo significativo, por pensar alternativas, someter a un debate riguroso la realidad a la que nos enfrentamos y plantear por supuesto, posibles soluciones; se reitera inmediatamente, la imperiosa necesidad de concebir la universidad, la academia, como centro de debate, en donde, a través, de ejercicio, de espacios deliberativos, dichas posturas necesarias, puedan ser elaboradas.
Muchos a quienes la idea de hacer algo por resignificar las falencias del actual sistema de cosas, genera bastas preocupaciones, podrán argumentar que la elaboración de tales listas de reivindicaciones a veces puede ser una trampa. Y puede ser cierto, en ocasiones, ceñirse a unos cuantos cambios limitados no deja de ver el hecho que los que se necesita en realidad es una transformación mucho más general de la sociedad y de las estructuras de poder. Ello no significa que debamos negarnos a proponer, valorar y poner en práctica nuestras demandas y propuestas concretas; lo que significa es que no debemos conformarnos con eso.
Cada una de las reformas institucionales reales, en la medida en que desarrolle los poderes de la multitud, será bienvenida y útil mientras no se sacralice como una figura de autoridad superior, ni se plantee como solución última. Se requiere elaborar un método, o un conjunto de criterios generales que impulsen las reformas institucionales necesarias y sobre todo, se necesita erigir sobre esa base propuestas constituyentes para una nueva organización de la sociedad global.
Hoy los procesos históricos de transformación son tan radicales que incluso las propuestas reformistas pueden conducir a un cambio revolucionario, es inútil por tanto, centrarse en debates sobre si una propuesta es reformista o revolucionaria, lo que importa es que entre a formar parte del proceso constituyente.
Como se dice en el lenguaje coloquial, no basta con paliar el padecimiento de los enfermos, hay que atacar la enfermedad, atacar el problema de raíz, uno de ellos, el sistema que reproduce la pobreza global, sólo por proponer una alternativa a las economías asfixiadas por la sobresaturación del pago de la deuda externa que abarca la mayor proporción de los presupuestos nacionales de los Estados, una cancelación o drástica reducción de la deuda externa de los estados-nación más pobres.
En general, la mayoría de las proposiciones existentes para reformar el funcionamiento básico del sistema económico mundial se dividen en dos líneas de acción opuestas: El poder regulador del Estado, reforzando éste, para que tenga mayor control sobre la economía, la segunda que pretende retirar dicho poder para dejar libre el juego económico de la intervención estatal. La primera apunta a los regímenes neoliberales y a la falta de regulaciones sobre el capital como origen de las dificultades, mientras que el segundo se centra principalmente en las formas de poder político y económico que ejercen control sobre la producción y la circulación.
Se hace necesario, retomar un pensamiento distinto, salir de la dicotomía, entre capitalismo y socialismo, atreverse a pensar modelos económicos primarios, híbridos, es un secreto a gritos que el capitalismo se encuentra en crisis, reflejado en las actuales situaciones de las economías de mayor desarrollo, y por supuesto en ser conscientes que a medida que los procesos de privatización acumulan catástrofes para el bienestar social, típica consecuencia de la falta de actividad estatal en el mercado, resulta más evidente la necesidad del cambio. Éste habrá de consistir no en un retorno a lo público, es decir al control estatal de las industrias, los servicios y los artículos sino en una creación de lo común, una manifestación inequívoca de la producción biopolítica de la multitud, la reivindicación de los pobres, los marginados, la clase media, a punto de desaparecer. Despojarnos del pensamiento polarizado que sólo permite concebir dos opciones únicas y excluyentes, pensar más allá de los posible, como diría Nietzsche, “ojos nuevos para ver lo distante, oídos nuevos para música nueva”.
Algunas reflexiones finales, motivadas por Hardt y Negri atendiendo al desarrollo del concepto de multitud y el papel que debemos jugar dentro de las propuestas requeridas para cambiar el orden actual, dichos autores definen la multitud como “(…) un conjunto difuso de singularidades que produce una vida común; es una especie de carne social que se organiza a sí misma en un nuevo cuerpo social (…)” , la biopolítica, es definida por esto y lo común, aquello que debe motivar la conformación de la multitud y las alternativas frente a los problemas actuales, es lo que configura la sustancia móvil y flexible de la multitud. Desde un punto de vista sociológico, el poder constituyente de la multitud podría hacerse presente en redes de cooperación y comunicación del trabajo social.
Si se acuña el concepto que la producción biopolítica es económica y política al mismo tiempo y que sienta las bases de un poder constituyente, de un factor real de poder, ahora se podrá entender que la democracia de la multitud no guarda semejanza con la democracia directa según se entendía tradicionalmente, en la que cada uno de nosotros dedicaba parte de su tiempo y de su trabajo a votar incesantemente todas y cada una de las decisiones políticas, en ejercicios democráticos de sufragio; esa democracia en la que todos creamos y mantenemos colaborativamente la sociedad por medio de nuestra producción biopolítica, aquella en la que la guerra no tiene cabida, la que nutre un sistema económico justo equitativo basado en la producción común de lo común, es a la que se puede llamar, absoluta.
Finalmente, nuevamente de la mano de Hardt y Negri tenemos que “(…) La multiplicidad de la multitud no consiste en ser diferente, sino en hacerse diferente. (…)” ¡hagámonos diferente de lo que somos! ¡Pensemos distinto a lo que por siglos ha sido pensado¡ seamos participes, del acto más grande de reafirmación de la subjetividad!, ¡hagamos parte de la multitud!.
DIEGO MACHADO ARIAS
[1] Michael Hardt - Antonio Negri, Imperio. Edición de Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 2000.; Multitud Guerra y Democracia en la era del Imperio. Edición The penguin Press, Nueva Yprk 2004.
[2] Michel Foucault, Los anormales, Defender la Sociedad, El Nacimiento de la Biopolítica, Cursos en el College de France, Edición Fondo de Cultura Económica.
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